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Endocrinología de la Respuesta Sexual. Género y sexualidad

NOTA: Esta conferencia la impartí hace cerca de diez años de modo que muchas cosas han cambiado te invito a que la revises y me mandes tus comentarios, ya escribí los míos y los puse entre paréntesis.

Desde hace algunos años se acepta que sexo es un término exclusivamente biológico referente a las características físicas diferenciadoras entre machos y hembras; en nuestra caso sería entre hombres y mujeres

Antes de la aparición de nuestra especie, el sexo ya existía y vale la pena enfatizar que para entonces, la vida, tenía miles de millones de años. En términos llanos podemos afirmar que el sexo es una estrategia para incrementar la variedad de los seres vivos.

Paralelamente a la evolución del ser humano la sexualidad se ha ido construyendo hasta constituirse en lo que actualmente conocemos; Mazín y Corona, sexólogos mexicanos;  la definen como: “… la vivencia subjetiva, dentro de un contexto sociocultural concreto del cuerpo sexuado. Es parte integral de la vida humana y eje del desarrollo. Se articula a través del potencial reproductivo de los seres humanos, de las relaciones afectivas y la capacidad erótica, enmarcada siempre dentro de las relaciones de género”.

&& 2 && Unos cuantos

Antes de entrar en materia vale la pena mencionar que resultan incontables las quejas en torno a que el gremio médico se apropió del estudio de la sexualidad; el análisis de los primeros escritos sobre la Sexualogía evidencia que fueron estos profesionales los únicos decididos a incursionar por un terreno, catalogado siempre, como privado e íntimo. La obra que marca el arranque de esta disciplina fue escrita en 1886 por el médico alemán: Richard von Krafft Ebing (1840-1902) y la tituló Psicopatía sexual.

Magnus Hirschfeld (1868-1935), otro médico alemán, no sólo creó el primer Instituto para el Estudio del Sexo en 1919 en Berlín sino que también publicó numerosos libros y realizó intensas campañas para tratar de erradicar las leyes existentes contra la homosexualidad, tanto en Alemania, como en otras naciones.

Iwan Bloch (1872-1922), médico alemán, considerado por muchos como el padre de la Sexualogía por sus notables contribuciones al desarrollo de esta disciplina; afirmaba que las conductas descritas como aberrantes existían o habían sido realizadas en otros espacios y en otras épocas, motivo por el cual invitaba a leer más, para enterarse de lo que ocurría en otras partes del planeta.

Sigmund Freud (1856-1939), fue uno de los hombres que más influyeron para que la ciencia se animara a incursionar por el ámbito de la sexualidad. Puede uno estar o no de acuerdo con sus propuestas pero es innegable que a partir de su basta obra los cimientos del conservadurismo sufrieron graves cuarteaduras.

Herny Havellock Ellis (1859-1939), inglés de nacimiento, decidió estudiar Medicina convencido de que así la gente daría más crédito a sus afirmaciones, en torno a lo que había observado en Australia y en el mismo Reino Unido.

Wilhelm Reich (1897-1957), médico alemán exploró ámbitos que ahora ubicamos como respuesta sexual; también sobre la juventud; aspectos sociales de la sexualidad y caracterología.

William H. Masters (1915-) (falleció el 16 de febrero del 2001), el creador de la Terapia sexual es un ginecólgo estadunidense. Y la lista podría continuar pero a partir de esas primeras publicaciones y de la apertura de algunos de los pioneros antes mencionados,  profesionales de otras disciplinas sumaron esfuerzos para analizar el fenómeno desde diversas perspectivas, con ello, los conocimientos no sólo crecieron en número sino también en calidad.

La Antropología, Psicología, Sociología, Pedagogía y la nueva ciencia de la Etología fueron las que contribuyeron con más estudios en los inicios de la Sexualogía.

La Etología ciencia cuyo nacimiento se atribuye a Konrad Lorenz (1903-1989), proporciona innumerables ejemplos de comportamientos que al ocurrir también en humanos, nos tientan a creer en una herencia filogenética. Sin embargo, al analizar con más cuidado los relatos podemos reconocer, la existencia de ciertos parecidos en la forma, pero más diferencias de fondo, en vista de que en otras especies, sobre todo de primates hacia abajo, las conductas son más constantes, esto es, resultan estereotipadas o dicho de otra forma, su comportamiento es igual para los individuos de una misma especie.

Entre los irracionales pero, sobretodo, entre los mamíferos la cópula acontece durante los periodos denominados como: estro, brama o celo. A medida que el nivel estrogénico aumenta, la hembra se hace más atractiva para el macho y estará más dispuesta para aparearse. En casos extremos como en el conejo de Indias y la chinchilla, el orifico vaginal permanece completamente cerrado por una membrana epiteleal, excepto durante el estro. Un caso más cercano a nosotros es el de las gatas, las cuales pueden permanecer en celo varios días, si no han sido montadas, pero si ocurre la cópula en menos de doce horas dejarán  de ser receptivas, lo mismo acontece con: la musaraña, el puerco espín y la foca de Alaska.

A medida que se asciende en la escala filogenética, (se nota que consideraba a los humanos como el acmé de la Evolución) la conducta copulatoria está menos sujeta al control hormonal.  Esto comienza a observarse entre los grandes monos en los cuales la cópula puede obedecer a cuestiones jerárquicas, para disminuir el estrés o para evitar agresiones.

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El gorila usa su impresionante complexión para competir con otros machos y garantizarse la convivencia con un grupo de hembras pero no se piense que tiene su harém; en realidad se trata de un animal poco “sexy” (Años después me enteraría que algunos gorilas de Espalda plateada cuidan con celo al conjunto de hembras y crías que viven con él). Para su talla el pene y los testículos resultan muy pequeños; las hembras pasan gran parte de su vida adulta en una lactancia anovulatoria, motivo por el cual, el macho no se muestra muy interesado en ellas. Sólo cuando una hembra entra en celo buscará al macho para copular.

El orangután suele vivir aislado, quizás por la escasez de alimentos pero en cuanto se topa con una hembra copulará con ella, independientemente de si está en celo o no. (Por ello abundan quienes afirman que estos animales practican la violación). Ellas también amantan a sus crías durante varios años con los consecuentes ciclos anovulatorios pero tan pronto ovulan, buscan al macho con singular vehemencia.

Al vivir mezclados chimpancés machos y hembras los encuentros sexuales pueden ocurrir en cualquier momento y con cualquier miembro del grupo, pero algunos investigadores mencionan que en coincidencia con la ovulación, la hembra puede apartarse con un macho en particular para aparearse y posiblemente tener descendencia.

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Mención aparte merecen los chimpancés enanos o bonobos entre los cuales los problemas suelen resolverse por medio de contactos físicos que pueden llegar incluso a la cópula con independencia del sexo de los protagonistas.

Masters y Johnson propusieron la curva de la Respuesta Sexual para explicar los cambios acontecidos en el cuerpo de hombres y mujeres durante una actividad erótica sexual. La curva diseñada por ellos es tetrafásica a diferencia de la usada por Helen S. Kaplan (1929-1925) quien propuso una de sólo tres fases en la que incluyó al deseo, el cual pasó inadvertido para los anteriores investigadores. (Incluso Robert C. Kolodny discípulo y colaborador de Masters y Johnson llegó a mencionar que no la contemplaban dada su imposibilidad para medirla).

Entre los seres humanos, a diferencia del resto de los animales, las cosas han cambiado en forma sustancial, los encuentros sexuales se llevan a cabo por multitud de razones entre las cuales la reproducción no ocupa los primeros sitios. Entrando en materia podemos afirmar que el sustrato biológico es importante, pero no más que la influencia del medio donde cada individuo se ha desarrollado.

Masters y Johnson, lo mismo que Kaplan, LoPiccolo y Meyer entre otros, enfatizaron que la hormona más importante en torno a la respuesta sexual es la testosterona, en vista de que se relaciona en forma directa con el deseo. Cuando las cifras de esta sustancia son menores a las esperadas para la persona en cuestión, se observaban trastornos del deseo. Alteraciones de otras hormonas pueden afectar el desempeño sexual en vista de que interfieren con la producción o acción de la testosterona. No obstante, vale la pena señalar que cuando los niveles estrogénicos descienden como sucede en el climaterio, los cambios en los genitales pueden ser de tal magnitud que afecten la respuesta sexual. (Y su repercusión en otros aparatos o sistemas siendo algo de lo más importante lo que acontece en el ámbito psicológico). Efectos como el acartonamiento vaginal y la disminución de la lubricación vaginal pueden explicar la dispareunia, la evitación coital y la consecuente pérdida del deseo señalado por autores como: Sarrel (1990) y Peralta (1998).

Como es bien conocido disminuciones importantes de testosterona en el varón pueden afectar, no sólo el deseo, sino también la erección, la eyaculación e incluso hasta la capacidad de fantasear.

Mucho tiempo antes que en 1966 Masters y Johnson publicaran su obra, un gran número de profesionales de la salud tanto física como mental consideraban que las hormonas eran la parte nodular de las relaciones sexuales, sin embargo, de acuerdo a lo antes expuesto vemos que las cosas no son tan simples entre los humanos. A la herencia biológica hemos de agregar la cultural, la mezcla produce individuos irrepetibles capaces de enfrentar de diferentes maneras las situaciones. El sustrato biológico nos provee de potencialidades, las cuales a su vez flexibilizan nuestro comportamiento.

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El peso de lo cultural se manifiesta al revisar la historia de diferentes religiones. En unas la sexualidad fue una especie de camino para transitar hacia la perfección y en otras se le ha considerado como algo pecaminoso y vergonzante. En aquellas culturas donde lo erótico era aceptado se animaba a los individuos a buscar el placer, en contraste, aquellas donde se pensaba lo contrario, se satanizaba lo erótico y se aceptaba, a regañadientes, el tener relaciones pero sólo para reproducirse. Es evidente que en sociedades como la nuestra predominan las religiones que limitan el ejercicio erótico, pero lo peculiar es que se reprime más a unas que a otros. Vale la enfatizar que no sólo las religiones limitan la sexualidad, el control también se ejerce desde otras instancias y eso es algo que exige estar conscientes de nuestras actitudes. El gremio médico tiene mucho prestigio y ascendiente sobre el público en general, por ello mismo nuestras batas han de conservarse blancas y no debemos pintarlas de negro, es decir, hablemos de cuestiones científicas animando a quienes nos escuchan a pensar y decidir por sí mismos, es decir, que se hagan responsables de sus actos; dejemos que sean otros los que se dediquen a señalar lo que es bueno y malo. Cuanta razón tiene Federico Reyes Heroles al sentenciar: “Dogma que sólo tiene una condición a cambio de todas sus ventajas: la intolerancia”.

Sería por demás interesante que cada asistente anotara: ¿para qué tengo relaciones coitales? seguramente serían innumerables los motivos y conste que la pregunta no es ¿por qué? Posiblemente se repetirá con frecuencia un término que espanta mucho a los grupos conservadores y al cual han desprestigiado de múltiples maneras, la palabra en cuestión es… placer. Si la reproducción no es el principal motor que nos lleva a la cópula ¿por qué la insistencia de algunos en señalar que es malo el disfrute aun con nuestra propia pareja?

Adán y Eva fueron arrojados del Paraíso porque se atrevieron a probar el fruto del árbol prohibido (del conocimiento), la metáfora es explicada en el sentido de que perdieron su inocencia pero también puede entenderse que adquirieron el poder de decidir. (¿qué se pretendía con prohibirles que probaran del Árbol del conocimiento?). Para algunas personas, muy religiosas, el destino existe y sólo debemos seguir un guión escrito desde antes de que el tiempo fuera tiempo. Algo parecido ocurre con los defensores de la Sociobiología al afirmar que en nuestros genes, además de los rasgos físicos también codifican el comportamiento.

Añejas y modernas propuestas se amalgaman para pretender negarnos nuestro derecho a negarnos. Bertold Bretch sentenció hace años “Prohibido prohibir”. Si hubiésemos escrito los motivos por los cuales tenemos relaciones sexuales, lo más seguro es que pocas personas pondrían en primera instancia el deseo de reproducirse y serían muchas las que habrían escrito la palabra temida (PLACER). Como especie hemos cambiado el entorno, a veces con resultados trágicos, pero también hemos realizado obras conmovedoras. Encajan a la perfección las palabras de Graciela Hierro cuando dice: “… algunos hombres y algunas mujeres avizoran el principio del placer como la finalidad de la vida humana”.

Así como tenemos un componente biológico que no podemos, ni debemos soslayar, también contamos con un sustrato cultural, específico para el lugar donde hemos crecido, donde hemos sido educados y por tanto formados (No olvidemos que las sociedades nos crían y nos crean). 

Que hombres y mujeres percibimos de forma diferente el mundo nadie lo duda aunque también es cierto que la perspectiva se altera de acuerdo a la clase social, el grado de escolaridad, el estado civil, la religión o la nacionalidad, por citar sólo unos cuantos factores. Pero en todas partes se observa que los hombres detentan el poder por encima de las mujeres. De nueva cuenta Graciela Hierro nos invita a reflexionar cuando afirma: “El género es un sistema de jerarquías sociales, una desigualdad de poder impuesta sobre el sexo. Constituye la sexualización del poder.” 

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En sociedades donde se considera que la mujer alcanzará su acmé al ser madre, el climaterio es tomado como el lapso durante el cual se despide de los papeles estelares para conformarse con los secundarios; muchas se sienten acabadas igual que sus posibilidades de procreación. Pareciera que el único que les considera atractivas se apellida Arjona. Al varón también pueden pesarle los años y quejarse de la pérdida de la inmediatez; eso duele porque todo el tiempo se le ha dicho que debe responder (Ipso facto) ante cualquier estímulo. De nueva cuenta ambos son aplastados por las enseñanzas recibidas, las cuales en forma tácita o directa advierten que cualquier actividad erótica ha de ser contemplada como preámbulo del coito y por tanto carece de valor en sí misma. Erróneamente se plantea que el placer sólo se alcanza a través del coito, para lo cual se requiere un pene erecto y una vagina lubricada.

En un mundo machista como el nuestro castrar a la mujer climatérica puede ser una especie de defensa en vista de que el equilibrio estrógenos, progesterona/ testosterona se ha roto y cuando menos, desde un punto de vista teórico, su deseo aumentaría frente a un varón que también tiene menores niveles androgénicos. Conste que esto es sólo una elucubración.

La respuesta sexual requiere de adecuados niveles hormonales para funcionar bien en el plano reproductivo pero debe quedar claro que también podemos recurrir a nuevas estrategias si lo que pretendemos es brindar y recibir placer. El erotismo es una característica exclusiva de la humanidad, su uso constante por mutuo acuerdo, con el fin de incrementar el placer, nos permitirá acceder a niveles de comunicación insospechados.

La gente relaciona, en automático, uniformes blancos con dolor o enfermedad, incluso durante mucho tiempo se amenazó a las criaturas con llevarlas al doctor si no comía o se negaba a ir a la escuela. Hoy que la tolerancia se observa con mayor frecuencia, salvo en los informes presidenciales; hoy que ya existe una ley en contra de la violencia familiar pese a que muchos legisladores se opusieron; hoy que hablamos de democracia e incluso sopesamos la posibilidad de permitirle la entrada a nuestros hogares, puede ser factible que también desde nuestros consultorios enseñemos a la gente que tienen derecho a ejercer su potencial erótico con responsabilidad y con el fin de obtener placer cuando menos hasta que mueran.

Muchas gracias.

Bibliografía:

  • Aldana, A.; Bronstein, E.; Corona, A.; Corona, E.; Delfín, F.; García Bravo, M.; Rautemberg, E; Rosas, F.; Rubio, E. Hablemos de salud sexual. Editado por Organización Panamericana de la Salud (OPS) y Asociación Mexicana de Educación Sexual (AMES) México, 1997.
  • Bancroft, John. Human Sexuality and its problems. Churchill Livingstone. Singapore, 1983.
  • Beach, F.A. y Ford, C.S. Conducta sexual. Editorial Fontanella. Barcelona 1978.
  • Beach, A. Frank. Sexo y conducta. Editorial Siglo XXI. México 1975.
  • Hierro, Graciela. Género y empoderamiento, en: Memorias del Primer Coloquio Internacional de Posgrado Investigación y Educación Continua. La humanidad frente al tercer milenio, temores y retos. Universidad Intercontinental. México, 1999.
  • Kaplan, Helen,S. La nueva terapia sexual. Tomo 1. Alianza Editorial. España, 1978.
  • Masters, W.H.; Johnson, V.E. y Kolodny, R.C. Tratado de Medicina Sexual. Edición Revolucionaria. Cuba, 1985.
  • Peralta, Sánchez, Antonio. Menopausia y sexualidad. Archivos Hispanoamericanos de Sexología. Vo. IV Núm. 1. México, 1998.  Pág. 97-121.
  • Reyes, H. Federico. Conocer y decidir. Instituto de Estudios Educativos y Sindicales de América. México, 1998.
Atiendo problemáticas relacionadas con la sexualidad y el erotismo. Tengo más de 30 años de experiencia brindando terapia sexual. También doy conferencias, cursos o talleres sobre: sexualidad, erotismo, disfunciones sexuales, masculinidad, paternidad, prevención de la violencia y otros temas.

Algo sexual

Consciente de que el presente título puede prestarse a múltiples interpretaciones, lo elegí para dar una conferencia el 1 de octubre en Morelia, Mch. en el marco del XVI Congreso Internacional de Algología. Como me agrada crear expectativas jugué un poco con las palabras y adecué el prefijo Algos (dolor) para combinarlo con el término sexual; mi objetivo era señalar que incluso las personas que padecen dolor crónico conservan el erotismo y se benefician de un trato afectuoso. Igualmente traté de enfatizar que tanto el erotismo como la sexualidad no, necesariamente, incluyen el coito.

Cuando me hicieron la invitación para participar acepté de inmediato pues era una oportunidad para entrar en contacto con otro tipo de especialistas que por cierto trabajan con una gran cantidad de gente ya que 28.5 de millones de mexicanos padecen dolor crónico. (1)

Convencido de que todo mundo habla de cualquier tema pero, a la hora de explicar los significados la gente recula, acudí al Diccionario de la Real Academia Española donde dice lo siguiente respecto a dolor:

1.m Sensación molesta y aflictiva de una parte del cuerpo por causa interior o exterior.

2.m Sentimiento de pena y congoja.

En cambio la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor dice: Experiencia sensorial y emocional desagradable con daño tisular o potencial o descrito en términos de dicho daño. (2)

Armado con esto me puse a buscar artículos acerca del dolor crónico y la sexualidad o el erotismo sólo para toparme conque muy poco se ha escrito al respecto, eso en vez de vez de desilusionarme me animo para continuar porque pensé: capaz que la charla puede sensibilizar a alguien en ese ámbito.

Querámoslo o no puede parecer una verdadera irreverencia que en un Congreso sobre dolor se hable sobre el tema sexual pues se le relaciona con infinidad de situaciones entre las que destacan: diversión, placer, picardía, amor y hasta tiene un aspecto sórdido en cambio el dolor, es considerado algo muy serio y me atrevería a decir que en ocasiones hasta encomiable pues durante mucho tiempo se apreciaba a quien lo soportaba con estoicismo.

Allá por 1886 el Dr. Richard von Krafft-Ebing (1840-1902) publicó su libro Psicopatía sexual que según el autor de este escrito marca el inicio de la Sexología, pues bien ese psiquiatra forense fue el creador de dos conceptos por demás interesantes: Sadismo, después de leer algunas obras de Donatien Alphonse François de Sade (1740-1814), mejor conocido como El marqués de Sade; se dice que este personaje pasó más de la mitad de su vida en prisión, incluso estuvo recluido en la Bastilla. Prolífico escritor y pensador del cual se desconoce, por lo general, su faceta revolucionaria y anticlerical. Las siguientes palabras lo pintan de cuerpo entero y me parece que por desgracia, siguen vigentes:

La ley sólo existe para los pobres; los ricos y los poderosos la desobedecen cuando quieren, y lo hacen sin recibir castigo porque no hay juez en el mundo que no pueda comprarse por dinero.

Vale la pena que la próxima vez que lo lea ponga atención en estos menesteres porque según Xaby Lizarraga: al Marqués de Sade le quedó chica la revolución francesa. Krafft-Ebing, también habló de Masoquismo término relacionado con Leopold von Sacher Masoch (1836-1895) autor de: Venus con abrigo de pieles. Pero ni el sadismo ni el masoquismo vienen al caso pues en ambas circunstancias, el placer sexual se relaciona, necesariamente, con estímulos dolorosos, además la gente que interviene en esas prácticas lo hace de forma voluntaria; en cambio a las personas con dolor crónico no es eso lo que sucede.

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La mayoría de las investigaciones coinciden en que, el dolor y la enfermedad crónica afectan negativamente tanto las relaciones como la satisfacción sexual de los pacientes y de sus parejas. Esto significa que a causa del dolor crónico, la expresión sexual puede distorsionarse, inhibirse, sublimarse o alienarse incluso hace que algunas  personas se tornen exigentes o temerosas. La idea de que la actividad sexual causa, precipita o agrava el dolor, mueve al individuo a mostrarse reluctante a participar pues la ansiedad y la depresión suelen alterar la función sexual.

Debe quedar bien claro que el deseo y la necesidad sexual no desaparecen por el dolor, aunque resulte difícil de entender y de aceptar, la sexualidad no desaparece cuando el dolor golpea, sólo se posterga y es que aun en las situaciones más extremas es posible expresar la sexualidad, por supuesto de alguna manera distinta a la que acostumbramos  y no debe perderse de vista que aparte de ser una necesidad es un derecho inherente e inalienable de los seres humanos.

Muchas enfermedades y procedimientos quirúrgicos pueden ocasionar dificultades sexuales y entre las que tienen efectos más devastadores se cuentan las enfermedades del sistema neuromuscular; cualquier discapacidad del sistema nervioso o pérdida de los movimientos musculoesqueléticos, como en la esclerosis múltiple, distrofia muscular o artritis puede involucrar alguna disfunción sexual.

Quienes padecen dolor crónico son portadores de miedos entre los que destacan:

  • Ser menos atractivos,
  • a tener dolor durante el encuentro sexual; su pareja teme causarlo,
  • a fracasar,
  • a que cualquier caricia deba terminar en una cópula,
  • a no tener una respuesta inmediata a los estímulos eróticos,
  • y en el supuesto de una cópula a ser incapaz de alcanzar el orgasmo.
  • Para vivir de una manera más armónica cuando se padece dolor crónico pueden resultar útiles las siguientes sugerencias:

Aceptar el dolor, suena tonto pero con frecuencia la persona lo niega, no se atiende y por tanto la gravedad se hace mayor; esto suele suceder con más frecuencia en los varones,

  • compartir sentimientos con la pareja, sobretodo, por parte de ambos,
  • analizar ¿qué cambió, desde el punto de vista erótico-sexual a raíz del dolor?,
  • qué requiere cada miembro de la pareja en el ámbito del erotismo; con frecuencia la gente se crea expectativas, no realistas, en relación con la otra persona,
  • explorar otras formas de expresión sexoeróticas.
Estatuas de José Sacal
Estatuas de José Sacal

Los profesionales de la terapia sexual conocen que el dolor durante la actividad coital es bastante frecuente, por ejemplo, Graziottin encontró Dispareunia en 10 a 15% de mujeres jóvenes y en 33% de menopáusicas. (3) Pero algo que sigue vigente es que los varones se quejan menos de dolores durante la cópula, sin que ello implique  su inexistencia; a los raquíticos reportes debemos agregar unas cuantas investigaciones al respecto.

El tema de la sexualidad pareciera estar vedado para estas personas pues, lo mismo que la mayoría de la gente pocas veces se atreven a solicitar la ayuda del profesional de la salud: Si le comento que se me antoja puede pensar que no me duele tanto. Como la mayoría de las personas consideran que Dolor mata sexualidad, se resignan a vivir en la abstinencia. Por otra parte siempre está vigente la interrogante de ¿a quién le pregunto? A lo antes mencionado debe agregarse que pocas son las escuelas o facultades de Medicina que incluyen el tema de la sexualidad o la Sexología en su currícula y por ello el médico, en términos generales tampoco se atreve a incursionar por los ámbitos del erotismo; suelen temer que se consuma mucho tiempo si se aborda el tema o que el paciente pueda ofenderse. Todo lo anterior se erige como una barrera infranqueable.

En varias ocasiones he manifestado que vivimos en una época y en una sociedad que se caracterizan por ser hipergenitalizadas y orgasmomaniácas por ello concuerdo con la sexóloga Esther Corona en que padecemos la: Mecánica copular. El coito pero sobretodo, la penetración y el orgasmo se convierten en una obsesión a los cuales debe llegarse a cualquier precio; parafraseando a Vince Lombardi, aquel gran entrenador de futbol americano, la gente parece decir y vivir: El coito no es importante, es lo único, borrando de golpe y porrazo otras opciones a la consecución del placer como puede ser la Masturbación o para que no se estremezcan las buenas conciencias: el Autoerotismo, y por supuesto El faje. En las penumbras, las almas piadosas y pudibundas pueden susurrar: Cómo se atreven a insinuar que el paciente con dolor crónico piense en algún momento en lo sexual, imposible imaginar que quiera y menos aun se atreva a profanar su cuerpo. Pero la realidad entabla singulares batallas contra nuestros prejuicios y como señala la sexóloga escandinava Tarja Sandberg: El placer sexual es un analgésico que levanta el ánimo y la sensación de satisfacción general. (4) Basta y sobre con evocar las sensaciones consecutivas a un encuentro sexual satisfactorio; quienes alcanzan el orgasmo difícilmente logran describirlo, pero algunas personas sobretodo mujeres, cuando la experiencia resultó plena de afecto, respeto, cuidado, atenciones, pasión e inventiva suelen decir que resultó muy agradable pese a no alcanzar el clímax; insisto con los varones suele no suceder eso porque estamos convencidos de que es indispensable eyacular: Si no lo logro puedo enfermarme y tú vas a ser la culpable, así que ayúdame a lograrlo.

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Es indudable que la información realista, respetuosa y actualizada permitirá al paciente y a su pareja hallar respuestas a infinidad de cuestionamientos que a veces no se comparten ni entre ellos mismos, estoy parcialmente de acuerdo con, Schover el al: … entre 80 y 90% de los pacientes se benefician con un breve consejo sexual y no necesitan de una consulta especializada (5). Como se comentó renglones antes no todos los profesionales de la salud están embebidos en el tema, habrá algunos que por diferentes motivos no quieran abordarlo y habrá que respetar esa situación pero lo ideal sería que en ese caso canalizara a sus pacientes con un terapeuta sexual para que las asesorara.

Sin embargo, debemos ser muy cuidadosos y tomar en cuenta lo dicho por Grau Abalo et al: La función terapéutica no es hacer labor proselitista o predicar, sino sugerir alternativas (6). Tenemos derecho a practicar nuestras creencias religiosas pero, es preferible y muy aconsejable mantenerlas al margen para de ese modo brindar el mejor de los servicios a quienes nos consultan; si alguien cree que un enfermo debe abstenerse de la práctica sexual por el sólo hecho de tener un padecimiento está cometiendo un error aunque ello no niega la existencia de situaciones concretas como Placenta previa, en que la cópula está prohibida.

El profesional de la salud aunque no sea un sexólogo puede evaluar el erotismo de sus pacientes poniendo en práctica los siguientes pasos:

  • Abrir el tema en el consultorio,
  • mantener una postura respetuosa,
  • evaluar la relación de pareja y averiguar cómo, el paciente, califica su vivencia sexual,
  • analizar cómo el dolor ha afectado el erotismo; tomar en cuenta que en ocasiones se descubren ganancias secundarias, por ejemplo el esposo que no toca a su esposa para no molestarla pero que en realidad padece disfunción eréctil,
  • analizar efectos secundarios del tratamiento,
  • explorar con la pareja posibles formas de expresión erótica distintas a la cópula,
  • animarlos a que avisen a la pareja acerca de cualquier incomodidad pues, no se trata de comportarse como mártires,
  • señalarles que pueden usar lubricantes, solubles en agua cuando sea necesario,
  • enfatizar que las caricias siempre serán bienvenidas.

Por cierto, resulta dramático que la posición sexual más frecuente, entre los heterosexuales, causa enormes dificultades cuando se padece dolor crónico por causas neuromusculares; si bien, cuando el hombre está encima de su pareja existe una buena comunicación tanto verbal como visual, resulta difícil para la mujer abducir y rotar las caderas para la posición en decúbito supino, mejor conocida como la del Misionero. En cambio en las posturas laterales, con penetración a vagina desde la parte posterior, resultan menos forzadas y por tanto disminuyen el miedo de la pareja a ocasionar dolor.

Los tranquilizantes mayores, los relajantes musculares y los narcóticos han formado parte tradicional del tratamiento del dolor pero la disminución del apetito sexual y la potencia son efectos colaterales comunes; motivo por el cual resulta indispensable informar a los pacientes al respecto y auxiliarlos para que sincronicen sus dosis, es decir, que procuren el encuentro erótico cuando el efecto analgésico esté en su apogeo.

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A manera de corolario:

  • La sexualidad y el erotismo son inherentes a todos los seres humanos, 
  • ambas características nos acompañan a lo largo de nuestras vidas,
  • el dolor crónico más que eliminarlas las modifica y pueden disfrutarse con tratamientos adecuados,
  • el encuentro erótico no forzosamente debe terminar en coito y tampoco es indispensable alcanzar el orgasmo, lo que sí es ideal es que ambas personas disfruten,
  • el autoerotismo es una opción que siempre está al alcance de la mano,
  • por más grave que esté el paciente, por más intenso que sea el dolor, el saberse amado y deseado aumentan tanto su autoestima como su calidad de vida,
  • según el Dr. Benjamín Domínguez Trejo, los moduladores psicológicos que más funcionan contra la adversidad son: apoyo social como amigos, vecinos, parientes, mascotas, psicólogos, médicos, libros de autoayuda. (1). 

Yo agregaría que la cercanía, el afecto y el amor también contribuyen con un granito (qué va, con un puñado) de arena a que esa persona viva no sólo de forma más placentera sino también más digna.

 

Bibliografía:

  1. Boletín UNAM-DGCS-581. Hasta 60% de alivio al dolor crónico, con elementos psicológicos. Ciudad Universitaria septiembre 30 del 2010.
  2. Dagnino S. Jorge. Definiciones y clasificaciones del dolor.  Boletín de la Escuela de Medicina. Vol. 23 No. 3. 1994. http://escuela.med.puc.cl/publ/boletin/dolor/Definiciones.html
  3. Graziottin A. Clinical Approach to Dyspareunia. Journal of Sex Marital Therapy.  2001;27:607-613
  4. Love-ly sexuality. Living with MSD. Nesletter of the  Allied Health Professionales in Rheumatology. Volum 9 No. 2. 2008.
  5. Schover LR et al. Psycholigical aspects of pacientes with cancer.: Sexual problems in patients with cancer. En_ Clinical Oncology: A multidisciplinary approach. 2ed. New York. American Cancer Society.1989:383-418
  6. Grau Abalo JA et al. La sexualidad en pacientes con cáncer: Algunas consideraciones sobre su evaluación y tratamiento. Revista Cubana de Oncología. 1999;15(1):49-65

 

Atiendo problemáticas relacionadas con la sexualidad y el erotismo. Tengo más de 30 años de experiencia brindando terapia sexual. También doy conferencias, cursos o talleres sobre: sexualidad, erotismo, disfunciones sexuales, masculinidad, paternidad, prevención de la violencia y otros temas.